ESCRITORES
Nacido el 6 de marzo de 1928 en Aracataca, una pequeña ciudad al norte de Colombia. Sus padres demasiado pobres, lo envió con sus abuelos maternos donde fue educado , en una casa habitada por innumerables parientes y llena de leyendas sobre fantasmas. Creció como un chico tranquilo y tímido, influido por las historias de su abuelo y las supersticiones de su abuela. Su abuelo murió cuando él contaba ocho años de edad y, junto a su abuela casi ciega, se fue a vivir con sus padres a Sucre, donde su padre trabajaba como farmacéutico. Fue enviado a un internado en Barranquilla, una ciudad portuaria en la desembocadura del río Magdalena.
Con doce años, fue premiado con una beca para una escuela secundaria destinada a los estudiantes destacados , dirigida por jesuitas. En el instituto, comenzó a escribir sus primeras historietas y relatos, por lo que se ganó entre sus amigos una reputación de escritor. Tras graduarse en 1946, comenzó a estudiar Derecho a los dieciocho años siguiendo los deseos de sus padres y a pesar de su clara vocación periodística.
Durante una visita a sus padres conoció a Mercedes Barcha Pardo. Oscura y silenciosa, de ascendencia egipcia, ella era "la persona más interesante" que él había conocido nunca. Tras graduarse en el Liceo Nacional proponiendole matrimonio lo que ella accedió,formalizandose el cmpromiso , a pesar de que no podrían casarse hasta catorce años después.
Los años duros
Comenzó a perder interés en sus estudios, dedicándose más a leer obras de poesía que de Derecho. Cierto día cayó en sus manos un ejemplar de La Metamorfosis de Kafka, traducido por Jorge Luis Borges, que le marcaría profundamente en sus inicios literarios y en la creación del realismo mágico. A partir de entonces comenzó a leer vorazmente todo lo que caía en sus manos. También empezó a escribir y, para su sorpresa, su primera historia, "La tercera renuncia" fue publicada en 1946 por un periódico liberal de Bogotá, El Espectador, con excelentes críticas. García Márquez entró en un periodo de creatividad durante el que escribió diez historias más para ese periódico.
Su primer hijo nace en el año 1959, Rodrigo, y la familia se trasladó a Nueva York, donde supervisaba la sucursal norteamericana de Prensa Latina. Debido a las múltiples amenazas anticomunistas que recibía, se trasladó con su familia a Méjico. Tuvo prohibida la entrada a Estados Unidos hasta 1971. En Méjico capital trabajó escribiendo subtítulos para películas y mientras intentó publicar algunos de sus trabajos. El coronel no tiene quien le escriba fue publicado en 1961, y Los funerales de Mamá Grande, en 1962, coincidiendo con el nacimiento de su segundo hijo, Gonzalo.
Y entonces ocurrió el milagro. En junio de 1965, él y su familia viajaban hacia Acapulco de vacaciones cuando de pronto la inspiración le invadió: había encontrado su propio estilo. Por primera vez en veinte años, Macondo saía a la luz. A partir de entonces, se dedicó a escribir incansablemente durante dieciocho meses. No sólo su familia, sino también sus amigos y vecinos pronto intuyeron que se estaba gestando una obra maestra: Cien años de soledad. La obra fue publicada en junio de 1967, con una tirada inicial de 8000 copias, que se agotaron la primera semana. Su éxito fue tal que se hizo necesario lanzar una nueva edición cada semana, llegando a vender medio millón de copias en tres años. Fue traducida a venticuatro idiomas y en los años siguientes ganó numerosos premios internacionales. El éxito y la fama internacional le llegó a Márquez cuando contaba 39 años.
A partir de entonces todas sus novelas se convirtieron en éxitos de ventas. En esa época publicó obras como La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, Cuando era feliz e indocumentado y El otoño del patriarca. Esta última no fue al principio bien recibida por la crítica, que seguía esperando otro Macondo.
En 1981, el año en que fue premiado con la medalla de la Legión de Honor Francesa, viajó a Colombia en una visita con Castro, y allí se encontró de pronto metido en problemas. El gobierno conservador le acusó de financiar el M-19, un grupo liberal de guerrilla. Huyó de Colombia y solicitó asilo político en Méjico, donde ha vivido hasta ahora. El gobierno de Colombia pronto se arrepintió de lo sucedido. En 1982 fue premiado con el Nobel de Literatura, por lo que el nuevo presidente le invitó a volver al país de nuevo. En 1982 ayudó a un amigo a publicar El olor de la Guayaba, un libro de conversaciones con su viejo amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza, y el mismo año escribió Viva Sandino, un guión sobre los sandinistas y la revolución de Nicaragua.
En 1986 publica otra de sus grandes novelas, El amor en los tiempos de cólera, sobre dos amantes frustrados y el largo tiempo que habrán de esperar hasta que tienen una segunda oportunidad de continuar su romance. Esta novela tuvo un gran recibimiento por parte de los lectores y la crítica, y le confirmó como un escritor de fama mundial. En la actualidad es uno de los escritores más famosos del mundo, que conjuga su profesión de escritor con la enseñanza y el activismo político. Con residencias en Méjico capital, Cuernavaca, París, Barcelona y Barranquilla, publicó en 1990 El general en su laberinto y, dos años después, Peregrinos extraños.En 1994 publicó su más reciente obra de ficción, Del amor y otros demonios. Actualmente, García Márquez vive con Mercedes en Méjico capital, ha dejado de fumar y está en perpetuo estado de "escribiendo una novela".
Sus obras
- El coronel no tiene quien le escriba
Esta novela nos narra una fascinante historia. El lugar en el que transcurre la trama no es Macondo, sino una ciudad portuaria sin nombre en donde el correo llega los viernes en barco. El coronel va siempre en busca de una carta del gobierno, con la pensión que le fue prometida hace años y que nunca llega. Él y su mujer viven casi en la indigencia tras haber perdido a su hijo. Su única esperanza para no morir de hambre es un prometedor gallo de pelea, con el cual esperan ganar los campeonatoos de enero. Pero para mantenerlo fuerte es necesario alimentarle, aunque a cambio el coronel tenga que pasar hambre. - La mala hora
Esta novela es de un estilo muy similar a El coronel no tiene quien le escriba. La trama tiene lugar en la misma ciudad que éste, e incluso aparecen algunos personajes conocidos. En todo caso, esta ciudad se ha convertido en un lugar mucho menos acogedor desde entonces, debido a las tensiones en torno a las luchas políticas. Poco después aparecen pintadas satíricas en los muros, escritas durante la noche, que propagan rumores sobre varios habitantes de la ciudad. Nadie sabe quién escribe esos carteles sobre adulterios, abortos y crímenes, pero pronto todo el mundo se verá implicado y los ciudadanos se irán volviendo más violentos y maliciosos. - Cien años de soledad
Esta novela retrata la vida de varias generaciones de un clan familiar, los Buendía, en una ciudad sudamericana llamada Macondo, un misterioso lugar donde cada día trae a los ciudadanos una dosis de magia, milagros, dolor, tristeza y oportunidades casi magicas de transformarse. El libro nos narra la odisea de los Buendía desde la fundación de Macondo por el excéntrico patriarca y su tenaz esposa, y cuenta las vidas de sus descendientes hasta la decadencia y extinción de la familia. Mientras seguimos la trayectoria de los Buendía a través de su apogeo y su decadencia, la guerra y la paz, la alegría y el dolor, nos damos cuenta de que estamos siendo testigos nada menos que del lento transcurrir de la vida, como si el autor nos colocara en el lugar de un dios imaginario. - El otoño del patriarca
Esta no es precisamente la novela más facil de leer de Márquez. Su estilo esn prosa es deliberadamente confuso, sin apenas puntuación ni diálogos definidos. Publicado en 1975, su principal personaje es un prototípico dictador sudamericano, un protagonista sin nombre cuya astucia en la política y la supervivencia se opone a su profunda soledad y su locura. Una criatura increíblemente pura en su crueldad y desesperación que se encuentra atrapada en esta novela poética. El autor se introduce dentro de la mente del tirano y los que le rodean, mostrándonos toda una galería de personajes horribles y tiernos, cuyos pensamientos más íntimos nos son revelados. - Crónica de una muerte anunciada
Esta es sin duda una de las más brillantes novelas de Márquez. Una obra que gira en torno a la fatalidad del destino humano. Desde el comienzo sabemos que a Santiago Nassar van a asesinarle los hermanos Vicario por creer que ha deshonrado a su hermana. En realidad todo el pueblo lo sabe, pero nadie es capaz de avisarle por unas circunstancias u otras. A pesar de toda la gente que se encuentra en su paseo por el pueblo, Santiago Nassar permanece ajeno a lo que va a ocurrirle, mientras el lector permanece en vilo desde el principio al final de la novela. - El amor en los tiempos de cólera
En esta novela, Márquez nos narra la historia de Florentino Ariza, un hombre que se enamora de una bella joven, Fermina Daza, y se ve obligado a esperar cincuenta años, nueve meses y cuatro días hasta poder declararle su amor por segunda vez, en el funeral del marido de ella, el doctor Juvenal Urbino, uno de los hombres más ilustrados de su época, promotor de las artes, un rico y famoso médico. Indignada, Fermina le echa de su casa, pero ese sólo será el principio de su romance. A la vez que asistimos a cómo Florentino reconquista a Fermina, se nos van desvelando los romances y anécdotas que tanto él como ella vivieron durante esos cincuenta años de separación. - El general en su laberinto
El protagonista de esta novela es Simón Bolívar, a quien Márquez rescata de la historia ofreciéndonos otra perspectiva de este personaje. Nos muestra al Libertador al final de su vida, cerca de los cincuenta años, embarcado en un viaje de siete meses desde Bogotá hasta el mar. A medida que el viaje transcurre de puero en puerto, Bolívar reflexiona sobre su pasado, pasando confusamente de un acontecimiento de su vida a otro - las guerras, sus fracasos, sus pasiones, sus pecados, sus amores - narrado en el contexto de una historia que él mismo ha contribuido a crear, una laberíntica e interiorizada estructura de desilusiones y frustración. - Del amor y otros demonios
Publicada en 1994, esta novela puede leerse como si fuera un capítulo perdido de Cien años de soledad. Ambientada en una colonia costera de la mítica Sudamérica, narra la historia de una extraña niña llamada Sierva María, que puede o no puede haber contraído la rabia. Se envía en su ayuda a un joven sacerdote, el intelectual y soñador Cayetano Delaura. Éste no considera que la niña necesite ser exorcizada, pero pronto descubre que es él mismo quien necesita una curación, ya que ha comenzado a enamorarse de esa excéntrica y encantadora niña..

Nací en Bogotá el 25 de agosto de 1923, día de San Luis Rey de Francia. No descarto la influencia de mi santo patrono en mi devoción por la monarquía. Hice mis primeros estudios en Bruselas.
Regresé a Colombia y por períodos que, primero, fueron los de vacaciones y, luego, se extendieron más y más, viví en una finca de café y caña de azúcar que había fundado mi abuelo materno. Se llama "Coello" y se encuentra en las estribaciones de la Cordillera Central. Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas. No hay una sola línea de mi obra que no esté referida, en forma secreta o explícita, al mundo sin límites que es para mí ese rincón de la región del Tolima, en Colombia.
En un último intento para lograr el diploma de Bachiller, me matriculé en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá. Mi profesor de Literatura Española fue el notable poeta colombiano Eduardo Carranza y a dos cuadras del Colegio estaban los billares del Café Europa y los del Café París. Las clases de Carranza fueron para mí una inolvidable y fervorosa iniciación a la poesía. El billar y la poesía pudieron más y nunca alcancé el mirífico título compañía de Carlos Patiño, alternando mis poemas con los suyos, publicamos un pequeño cuaderno titulado La balanza, que repartimos nosotros mismos entre algunos libreros amigos el 8 de abril de 1948. El día siguiente, nuestra obra se agotó por incineración. El 9 de abril fue la fecha del "Bogotazo", cuando ardió el centro de la ciudad por obra de los enardecidos partidarios del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán, asesinado ese día en la capital.
En 1953 tras publicar algunos poemas, el primero en La Razón por obra de Alberto Zalamea y otros más en el Suplemento Dominical de El Espectador gracias a Eduardo Zalamea Borda, apareció en la colección Poetas de España y América de Losada, que dirigían Rafael Alberti y Guillermo de Torre en Buenos Aires, mi libro de poemas Los elementos del desastre. En 1956 viajé a México, donde resido hoy. Octavio Paz, quien había escrito algunos elogiosos comentarios sobre mi poesía, me abrió las puertas de suplementos y revistas literarias. El mismo Paz me presentó, en un generoso ensayo suyo sobre mi libro Reseña de los hospitales de ultramar, editado en 1958 como suplemento al número 56 de la revista Mito que dirigía en Colombia Jorge Gaitán Durán.
En 1959 sale Diario de Lecumberri, editado por la Universidad Veracruzana en su colección Ficción. En 1964, Ediciones Era publica, también en México, el libro de poemas, escritos todos en este país, Los trabajos perdidos. En 1973 aparecen, simultáneamente, Summa de Maqroll el Gaviero, que recoge toda mi poesía hasta esa fecha, en Barral Editores de Barcelona, y La mansión de Araucaíma en Sudamericana de Buenos Aires, en donde se reúnen todos mis relatos.
En 1978, Seix Barral de Barcelona hizo una nueva edición de este libro aumentado con El último rostro.
En 1982, el Fondo de Cultura Económica de México edita el libro de poemas Caravansary en la colección Tierra Firme. En 1984 la misma editora publica en esa colección el libro, también de poesía, Los emisarios y en 1985, Cátedra de Madrid edita Crónica regia y Alabanza del reino, poemas dedicados al Rey don Felipe II, su familia y su corte. En estas últimas obras exploro, no sin dificultades, titubeos y ráfagas de duda, una nueva manera de contar lo mismo, lo de siempre, lo único ya para mí contable: los fantasmas que, desde mis ávidas y desordenadas lecturas de adolescente en "Coello", me visitan con asiduidad inflexible. Fantasmas nacidos en buena parte en rincones de la historia de Occidente y en la dorada decadencia de Bizancio, envueltos, siempre, por el tibio vaho de los cafetales. En 1987 y dentro del mismo propósito de rescate de vastas zonas del pasado, publico Un homenaje y Siete nocturnos, que aparece en las ediciones de El Equilibrista en México y en Pamiela de Pamplona.
Resuelvo, entonces, intentar en el campo del relato una prolongación de algunas prosas dedicadas a Maqroll el Gaviero, personaje que, desde mis primeros poemas, me visita esporádicamente. De este ensayo nace Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, que incluye las siguientes novelas: La Nieve del Almirante, Ilona llega con la lluvía, Un bel morir, La última escala del Tramp Steamer, Amirbar, Abdul Bashur, soñador de navíos y Tríptico de mar y tierra.
Después de ser publicadas en forma independiente, tanto en España como en América Latina, se reúnen en dos volúmenes (Siruela 1993) y en un volumen (Alfaguara 1995). El Fondo de Cultura Económica de México edita en 1988 cuentos y ensayos bajo el título La muerte del estratega. El mismo editor, con el título Summa de Maqroll el Gaviero, publica en 1990 mi poesía escrita hasta esa fecha. Esta obra es editada por Visor, en España, en 1992. En 1999, Seix Barral publica en Colombia De lectores y algo del mundo (1943-1998). De la obra en prosa hay traducciones al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, danés, sueco, polaco, griego, holandés y turco. De la poesía existen, en versión completa, traducciones al francés, italiano y rumano y en antologías hay versiones en chino, ruso, inglés, griego y alemán. Nunca he participado en política, no he votado jamás y el último hecho que en verdad me preocupa en el campo de la política y que me concierne y atañe en forma plena y sincera, es la caída de Constantinopla en manos de los turcos el 29 de mayo de 1453.
Sin dejar de reconocer que no me repongo todavía del viaje a Canossa del Emperador sálico Enrique IV, en enero del año 1077, para rendir pleitesía al soberbio Pontífice Gregorio VII. Viaje de tan funestas consecuencias para el Occidente Cristiano. Por ende, soy gibelino, monárquico y legitimista.
Sus premios
- En 1988 recibió en México el premio Javier Villa Urrutia por sus novelas La última escala del Tramp Steamer e Illona llega con la lluvia.
- El 28 de noviembre de 1989 recibió el premio Médicis a la mejor novela extranjera en Francia por su obra La nieve del almirante.
- En 1993 premio Roger Caillois, en Reims por el conjunto de su obra. El 25 de abril de 1997 obtiene el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por "la originalidad y compromiso intelectual de su obra poética y narrativa".
- El 3 de junio de 1997, gana la VI edición del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
- ESPAÑA - PREMIO CERVANTES DE LITERATURA/COLOMBIA
Homenaje a Álvaro Mutis, orgullo de Colombia, por el Cervantes. - Bogota 23 de Abril de 2001
Con diez horas de lectura continua y una exposición de 70 afiches de Álvaro Mutis, la Biblioteca Nacional de Colombia, homenajea al escritor colombiano, que recibió en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares el Premio Cervantes de manos del rey de España Juan Carlos I.
En esta VI Jornada de Lectura Sin Fin, se rinde tributo al primer escritor Colombiano que recibe el Cervantes, con la lectura de las novelas de Mutis "La última escala del Tramp Steamer" y "AbdulBashur, soñador de navíos".
Colombia, envuelta en un conflicto trágico y consciente de que su imagen en el exterior refleja casi siempre una realidad negativa, festeja este premio a uno de sus poetas y novelistas más ilustres como algo muy propio.
La concesión a Mutis del más prestigioso galardón literario en lengua española "será un contraste feliz con los hechos por los que con frecuencia se menciona a Colombia" y "que lo reciba un compatriota constituye razón de orgullo para Colombia", afirma hoy en su editorial El Tiempo, el diario más importante de este país.
Cuando Miguel de Cervantes imaginó El Quijote, en 1598, recuerda el diario, el escritor estaba preso en la cárcel de Sevilla "por malversación de dineros públicos" y cuando Álvaro Mutis imagina las aventuras de Maqroll el Gaviero, en 1956, estaba "preso en la cárcel mexicana de Lecumberri por malversación de dineros privados".
Más de cuatro siglos después, "la vida, que es la mejor novelista, reúne a los dos en una ocasión especial", agrega.
Nacido en Santa Fe de Bogotá, Colombia, en el año 1833. Desempeñó un cargo diplomático representando al gobierno de Colombia en Washington, fue contratado por la editorial Aplpleton, de Nueva York, para llevar al castellano algunas de las nursery rhymes de la tradición oral anglosajona. De su experiencias nacen sus libros Cuentos pintados y Cuentos morales para niños formales en los que, más que traducir, crea y recrea historias en verso que sobresalen, dentro de la literatura infantil hispanoamericana del siglo XIX, de la forma que narra sus historias Pombo es no sólo el gran clásico de las letras colombianas para la niñez, sino uno de los grandes iniciadores de esta modalidad literaria en la región.
Era ra un hombre de una cultura amplia y universal. Fue poeta romántico, escritor del amor y la naturaleza, pensador, traductor y fabulista.
Entre los temas de sus poesías, se pueden señalar: el amor, la naturaleza, la desesperación y la soledad. Pero la mayor popularidad la alcanzó este autor en su país y en obras antológicas, en la literatura infantil, especialmente los textos contenidos en su libro Cuentos pintados y cuentos morales para niños formales (1854). Se pueden citar La hora de las tinieblas, Preludio de primavera; y para niños, cuentos rimados como Simón El Bobito, Doña Pánfaga, Renacuajo paseador, Cutufato y su gato, Pastorcita, La Pobre Viejecita, El niño y la mariposa. Su textos fueron reunidos de forma póstuma en Poesías (1916-1917) y Traducciones poéticas (1917).
Logró recrear los recuerdos de la infancia en su país y muchos de los chicos recuerdan a Rin Rin, el renacuajo, los vestidos de la Pobre Viejecita y las colas de las ovejas de la Pastorcita.
Era aficionado a la música y a las artes plásticas. Incansable lector los libros de su biblioteca estaban llenos de notas y observaciones .
La unión entre lo culto y lo popular se refleja en muchas de sus poesías." Beatriz Helena Robledo Dos cuentos en verso de Rafael Pombo Falleció en Santa Fe de Bogotá, en 1912.
Sus obras
- Simón el bobito
- El Renacuajo Paseador
- Pastorcita
- El Coche
- La pobre Viejecita
- El Gato Bandido
- Mirringa Mirronga
- El Búho y el Palomo
- El Niño y la Mariposa
- La Marrana Peripuesta
- Cutufato y su Gato
CARLOS CASTRO SAAVEDRA (1924-1989)
Nació en Medellín, en el año 1989 . Estudió en el colegio San Ignacio de Medellín y en el liceo de la Universidad de Antioquia. Desde muy joven escribió poesías que eran publicadas en los diarios y revistas de la ciudad. Sus primeros libros fueron Fusiles y luceros, en 1946, Mi Llanto y Manolete, en 1947, y 33 poemas, en 1949. Vendrían luego otros 17 libros de poemas. Consagró la poesía nacional en Colombia, su obra está inspirada en la línea de Pablo Neruda.
Con el poema "Mensaje de América" obtuvo un premio en Berlín, , el Premio Germán Saldarriaga del Valle. El gran reconocimiento a su obra se dio con el homenaje nacional que el gobierno le rindió. Además de la gran producción en verso, escribió diez libros de prosa poética. A ello debe añadirse las incursiones en el teatro y en los cuentos para niños. Sus obras en prosa tienen un contenido hermoso y de sabor poético. Colaboró en varios periódicos con columnas tituladas, en El Tiempo, "Zona Verde"; en El Colombiano, "La voz del viento", la cual continuó en El Mundo; y en El Diario, "Luminaria".
Como dramaturgo escribió Historia de un jaulero (1960) y El trapecista de vestido rojo. Como cuentista, 80 cuentos infantiles. Su cuento El Librero fue laureado con el premio Liceo Antioqueño en 1943; y publicó Jugando con el gato en 1986.
Sus obras
De entre sus grandes obras de poemas figuran :Fusiles y luceros, publicado en 1946, Mi Llanto y Manolete en 1947, 33 poemas en 1949, Los ríos navegados y Camino de la patria en 1951, Música en la calle en 1952, Despierta joven América y Escrito en el infierno en 1953, El buque de los enamorados, Humo sobre la fiesta, Sonetos del amor y de la muerte en 1959, Toda la vida es lunes en 1963, Aquí nacen caminos en 1964, Caminos y montañas en 1966, Reciente paraíso, Hojas de la patria, Canciones para labriegos y Canciones infantiles en 1969.
También publicó, Breve antología, Poesías, El sol trabaja los domingos en 1972, Donde canta la rana, Los mejores versos, Una victoria y una canción, Las jaulas abiertas en 1982, Oda a Colombia en 1987 y Poesía rescatada en 1988. Otras obras de Carlos Castro Saavedra son: Elogio de los oficios (1961), Cosas elementales (1965), Elogio de la Ingeniería (1966), Cartilla popular (1969), El libro de los niños (1980), Cuadros de historia, Pedro Nel Gómez y sus frescos, Tierra habitable, Adán y Eva, Adán ceniza (Premio Jorge Isaacs, Cali 1982), Agua viva (1988) y Matrimonio de gatos (1988), algunas de ellas todavía inéditas.
Murió en Medellín, el 3 de Abril de 1989.
JOSÉ ASUNCIÓN SILVA (1865-1896)
Poeta colombiano, natural de Bogotá. De origen acomodado, vivió una juventud que no llegó a la madurez y que fue transcurriendo desde la placidez de una existencia burguesa hacia escenas de la vida bohemia y amenazas de tragedia. Con la excepción de algunas breves temporadas en el extranjero - en Europa (París, Suiza y Londres) y en Venezuela, como secretario de la Legislación de su país en Caracas -, la vida de Silva transcurre en el ambiente cerrado y nada estimulante del Bogotá de sus años.
De ningún modo un neurótico, pero sí un desajustado y un inconforme, su existencia estuvo marcada por el fracaso y las frustraciones: continuas ruinas en sus empeños comerciales, en los cuales ha de actuar para salvar los negocios de la familia; la muerte de su querida hermana Elvira (a quien va dedicado el famosísimo "Nocturno"), el naufragio de un barco en el que viajaba, el regreso de Venezuela, y donde pierde "lo mejor de mi obra"; la hostilidad de una sociedad estrecha ("José Presunción", le llamaban) que le obliga, por pudor y altivez, a casi esconder su vocación literaria. Todo ello, obrando sobre un espíritu sensible en alto grado, culminó en el temprano suicidio - antes de cumplir los treinta y un años -, sin que su genio poético hubiese llegado a madurar plenamente. A pesar de que aún en vida algunas de sus composiciones fueron muy populares, publicó poco; y la primera edición de su obra poética, parcial y muy adulterada, es póstuma, de 1908 (realizada en Barcelona, con un prólogo fervoroso de su gran admirador Miguel de Unamuno).
De su breve labor en prosa hay que destacar el cultivo de las transposiciones artísticas - donde a palabra intenta expresar los matices del claroscuro y el color - , de tan fecunda práctica en la literatura modernista posterior. Incursionó en la narrativa: De sobremesa, escrito en forma de diario íntimo, más que una novela, es un libro que hay que leer como el testimonio atormentado pero impecable de aquel "fin de siglo angustioso", como allí lo calificara justamente sus autor.
En sus páginas, de mucho interés para calar en la visión del mundo de Silva, están las conflictivas reacciones, y las contradicciones esperables, de un protagonista sufridor de los innúmeros problemas - de todo tipo: artísticos, morales, religiosos y aún políticos - que aquel tiempo de crisis planteaba al espíritu del hombre finisecular americano.
Su producción poética conservada, no abundante, ha venido a quedar agrupada en tres núcleos muy distintivos: El libro de versos, lo más granado de esa producción - el mejor Silva - , que él mismo ordenó y tituló; Gotas amargas, conjunto que parece tenía destinado a mantener siempre inédito; y Versos varios, miscelánea del resto de su obra.
Entre las diferentes opciones estéticas que convergen y se entrecruzan en el período modernista, este poeta colombiano apenas aparece tocado por el parnasismo y aún menos por el preciosismo exterior que tanto proliferó en los comienzos de la década del 1890 (léase su satírica "Sinfonía de color de fresa en leche"). Por el contrario, su temperamento poético, y sus lecturas y preferencias - principalmente Poe, Bécquer, el Martí de Ismaelillo (presente en su poema "Mariposas"), y en otras que más adelante mencionarán - hacen de Silva el poeta de su generación que más intuitivamente, y con mayor lucidez crítica a la vez, se entra en el ámbito del simbolismo.
José Fernández, su alter ego en De sobremesa, define su poesía como "la tentativa mediocre de decir en nuestro idioma las sensaciones enfermizas y de sentimientos complicados que en formas perfectas expresaron en los suyos Baudelaire y Rossetti, Verlaine y Swinburne" (definición y nómina que incluyen algunas notas decadentistas, inseparables del simbolismo en sus inicios, y que revelan también el conocimiento por parte de Silva de algunos nombres capitales en otro de los ismos que se manifiesta en su obra:el prerradaelismo). O propone, ya más concretamente, algo en sí de naturaleza simbolista pero que la modernidad acentuará por cuanto literalmente reclama la participación activa de un lector-colaborador: "Es que yo no quiero decir sino sugerir (el subrayado es suyo) y para que la sugestión se produzca es preciso que el lector sea un artista". Como los simbolistas, y como todos los modernistas que a aquéllos siguieron, profesó un respeto sagrado al ejercicio de la poesía: para él, dirá, el verso es vaso santo ("Ars"); y hasta desplegó, en pareados alejandrinos de dicción e intencionalidad característicamente modernistas, una poética (de arte nervioso y nuevo) que resume la naturaleza novadora y sincrética de este modo de sensibilidad y expresividad, pero con claro énfasis en el ocultamiento y la sugestión propios del simbolismo ("Un poema").Y es en la atmósfera de la estética simbolista, con su gusto por la expresión misteriosa, vaga, sugerente y de cadenciosa musicalidad, donde hay que inscribir sus más intensos momentos poéticos, teñidos de una profunda vibración elegíaca. Esos momentos aparecen dominados temáticamente por la obsesión del tiempo, el recuerdo y la muerte, y devueltos simbólicamente en un aura condicionada de veladuras y de sombras. Son sus conocidas elegías personales "Poeta, di paso…", y "Nocturno" (Una noche…).O las elegías de alcance universal: el no menos impresionante y contrapuntístico, por la sutil irrupción de la ironía, "Día de difuntos", que es un espléndido ejercicio de polimetría. Y a la fusión de su romanticismo esencial y su capacidad ya simbolista de depuración poética, cabe adscribir también dos voliciones señaladas de Silva: el refugio en las cosas frágiles y en las cosas viejas, embellecidas y dignificadas por el tiempo ("La voz de las cosas", "Vejeces"); y el regreso al mundo ideal de la pureza que únicamente en la niñez se da ("Infancia", "Los maderos de San Juan").
Y al lado de todo ello - o mejor, en el reverso -, su contracara. Recortados sobre tal fondo elegíaco (la nada: única verdad), los esfuerzos y las acciones de los hombres, vistos realísticamente, son gestos dignos sólo de ser dibujados en inversión paródica y en trazos sarcásticos o caricaturescos. Y surge entonces la sátira: Gotas margas, donde las presencias son muy otras: Heine, Bartrina, Campoamor. De valor poético ciertamente muy inferior, estos textos no dejan de tener una relevante significación histórica: de un lado, porque fueron escritos en el corazón de la época modernista y acreditan así la carga contradictoria de posibilidades que la misma permitía (además de que reflejan fielmente el profundo escepticismo del autor); y de otro, porque adelantan, en opinión compartible de Eduardo Camacho Guizado, toda la caudalosa corriente de antipoesía que conocerá nuestro siglo.
De todos los poetas modernistas es Silva quien, por las vicisitudes de sus manuscritos y las irregularidades consecuentes de las primeras publicaciones, presenta mayores problemas y dificultades textuales. En la reproducción de sus poemas se ha seguido aquí la lectura propuesta por el crítico recién citado, Camacho Guizado, y por Gustavo Mejía, en la cuidadosa edición que ambos han realizado de la Obra completa de Silva, y la cual se consigna en la Bibliografía. (Agradezco al profesor Mejía el haber podido consultar el original de esa edición, libre de algunas erratas con que pasó al libro).
Sus obras
- 1889 - El Nocturno I - Nocturno II
- 1892 -
Una noche -
Nocturno III.
Los maderos de San Juan en Revista Literaria (año III, IV, noviembre). - 1895 -
En abril escribe Paisaje tropical.
Publica también el poema Crepúsculo.
Mas Información: http://casadepoesiasilva.com/silva.htm
SOLEDAD ACOSTA DE SAMPER (1833-1913)
Escritora nacida en Bogotá, el 5 de mayo de 1833, muerta en la misma ciudad, el 17 de marzo de 1913. Hija del prócer e historiador Joaquín Acosta y Pérez de Guzmán y de la americana Carolina Kemble Rou, Soledad Acosta de Samper realizó sus primeros estudios en Bogotá, en el Colegio de La Merced. A la edad de 12 años fue enviada a Halifax (Nueva Escocia, Canadá), donde al lado de su abuela materna continuó su educación.
De ahí pasó a París, donde permaneció en diversos colegios varios años y frecuentó con su padre las tertulias y reuniones científicas en las que conoció a los más importantes escritores de Europa, con los cuales mantuvo estrecha amistad. De regreso a Colombia, se casó en 1855 con el escritor y político José María Samper Agudelo. Vivió varios años en París, donde comenzó a publicar obras diversas bajo los seudónimos de Aldebarán, Renato, Bertilda y Andina.
A partir de 1858 comenzó a publicar su obra en Biblioteca de Señoritas y en El Mosaico de Bogotá. Ayudó a su marido en los periódicos que él dirigía y envió algunas colaboraciones suyas a diarios del Perú.
En 1862 la familia Samper Acosta se trasladó a Lima, donde José María Samper había sido nombrado redactor principal del diario El Comercio. Soledad Acosta respaldó a su marido con una labor periodística y editorial activa. En el Perú fundaron la Revista Americana, un periódico de impresión elegante que no tuvo larga vida. De regreso a Bogotá, José María Samper fue nombrado nuevamente miembro del Congreso y se convirtió en uno de los elementos más importantes de la política colombiana. Soledad Acosta continuó escribiendo y publicando, generalmente en folletines.
Al fallecer José María Samper en 1888, Soledad Acosta se trasladó nuevamente a París. En 1892 fue nombrada delegada oficial de la República de Colombia al IX Congreso Internacional de Americanistas en el Convento de La Rábida, en España, y representó a Colombia en los congresos conmemorativos del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Doña Soledad se dedicó a apoyar y a orientar a la mujer.
Fundó y dirigió varios folletines como La Mujer(18781881), La Familia, Lecturas para el Hogar (1884-1885), El Domingo de la Familia Cristiana (1889-1890), El Domingo (1898-1899) y Lecturas para el Hogar (1905-1906). Allí conviven diversidad de temas, desde la antropología, la historia, la moda y la ciencia, hasta la religión y los consejos a la mujer.
En muchos de estos folletines doña Soledad era la única editora, directora y colaboradora. Soledad Acosta fue una escritora prolífica: más de 20 novelas, 50 narraciones breves y cientos de artículos de la más variada temática conforman su acervo, entre ellos: Novelas y cuadros de la vida suramericana (1869), Biografía del general Joaquín Acosta, Dolores, Cuadros de la vida de una mujer, La Monja, Un chistoso de aldea (1905), Los piratas en Cartagena (1885), El corazón de la mujer, Luz y sombra e Historias de dos familias.
Falleció en 1913 en Bogotá, habiendo alcanzado renombre en Colombia y consideración como una de las más gloriosas figuras de la intelectualidad femenina en América.
Sus obras
- ORDOÑEZ, MONTSERRAT. "Soledad Acosta de Samper: Una nueva lectura". En: Obra homónima. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, 1988, pp. 11-24.
- OTERO MUÑOZ, GUSTAVO. "Doña Soledad Acosta de Samper". Boletín de Historia y Antigüedades, N° 229 (1933) y N° 271 (1937).
- OTERO MUNOZ, GUSTAVO. "Doña Soledad Acosta de Samper". Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 7, N-° 6 (1964)
Poeta boyacense (Chiquinquirá, mayo 22 de 1863 - Usiacurí, Atlántico, febrero 7 de 1923). Julio Flórez fue el séptimo de los diez hijos del médico liberal Policarpo María Flórez, presidente del Estado Soberano de Boyacá en 1871, y de Dolores Roa de Flórez, dama perteneciente al partido conservador colombiano.
Educado bajo estricto control religioso en los colegios de Chiquinquirá, nacionalmente conocida como la Villa de los Milagros, y sede de la Orden Dominicana de sacerdotes católicos que administran la fe de los creyentes en el poder sobrenatural de la Virgen del Rosario, llamada la Patrona de Colombia, Julio Flórez recibió el don de la poesía, al igual que sus hermanos, entre los que se destacaron el médico Manuel de Jesús, el abogado Leonidas y el ingeniero Alejandro A. Flórez.
A los 7 años escribió sus primeros versos conocidos. Durante 1879 y 1880 continuó sus estudios en el Colegio Oficial de Vélez, donde su padre era rector. En 1881 la familia se trasladó a Bogotá, donde el padre se desempeñó como representante a la Cámara por Boyacá; Julio entró a estudiar literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y Alejandro A. fue a la Escuela Superior de Ingeniería Civil y Militar, donde cinco años más tarde se graduó como ingeniero.
Las guerras civiles que azotaban el país desde los comienzos de la república, incidieron directamente en la población colombiana, afectando su estabilidad socio-económica y malogrando las probabilidades de educación.
Julio Flórez tuvo que interrumpir sus estudios por esta causa y, dada la condición bohemia de su carácter, nunca retomó la senda académica, no conoció ninguna lengua extranjera y el estudio de los clásicos fue insuficiente como para medirse con algunos de sus contemporáneos que, con mejores oportunidades o mayores intereses culturales, lograron coronar una carrera profesional o, al menos, alcanzar un nivel de educación aceptable para las exigencias capitalinas.
En cambio, comenzó a frecuentar los ambientes literarios donde entabló relaciones con personas de gran valor artístico y humano, como el poeta Candelario Obeso, quien no solamente recibió el rechazo general por su raza, sino también por refutar los cánones de vida ordenada impuestos por la Iglesia y la sociedad bogotana.
A partir de 1882 Flórez abandonó la casa paterna y pasó a compartir el hogar (y la excelente biblioteca) de su hermano Leonidas, al lado de sus sobrinos Esther y Leonidas Flórez Alvarez. Pero en 1883 la carrera fulgurante de este hombre público (abogado, cónsul y escritor) fue cortada trágicamente durante los disturbios políticos originados por la pugna de los tres candidatos a la Presidencia de la República (Rafael Núñez, José Eusebio Otálora y Solón Wilches), cuando Leonidas fue herido en un mitín armado que se presentó en la Plaza de Bolívar, a causa de cuyas secuelas moriría psicológicamente destruido cuatro años después.
En 1884 Candelario Obeso se suicidó y en su sepelio el joven Julio Flórez, de 17 años, exaltó su memoria en versos emocionados. Esta primera irrupción en la tribuna pública marcó el principio de su carrera. En 1886 su nombre apareció entre los bardos consagrados en la antología poética La Lira Nueva, publicada por José María Rivas Groot. A partir de 1887 y tras la muerte de Leonidas, Julio Flórez dejó la casa fraterna y comenzó una vida independiente, sosteniéndose con el producto de su actividad artística, que en Colombia ha sido siempre mal reputada y peor remunerada.
Así, atravesó una larga etapa de "hambres de poeta" como él la describiría posteriormente. Su gran orgullo político no le permitió claudicar de sus convicciones liberales para aceptar posiciones ofrecidas por el gobierno conservador, como un puesto en la Biblioteca Nacional o un consulado en el exterior. La racha de infortunios familiares continuó con la tragedia protagonizada por su hermano Alejandro A. en 1891.
En 1892 murió el padre, en medio de hondas amarguras personales y de decepciones políticas producidas por el desastre que, según el partido liberal, significaba el gobierno de la Regeneración. De sus amores juveniles sólo quedan ligeras referencias en su biografía, contadas por su sobrino Leonidas Flórez y por él mismo, en reportaje que le hiciera en Panamá Luis Enrique Osorio, en 1922. Flórez fue un hombre de gran éxito con las mujeres, quienes lo adoraron y muchas estuvieron dispuestas a entregar hasta su honor con tal de conseguir su amor.
Pero por la índole incorruptible de su educación católica, parece que tuvo conflictos para deslindar los conceptos de amor carnal versus amor platónico, y las relaciones que sostuvo durante sus 42 años de vida, antes de conocer a su esposa Petrona Moreno Nieto, revistieron siempre un carácter pasajero. El erotismo es uno de los rasgos más marcados de su poesía y la mórbida sensualidad de sus rimas sirvió muchas veces como piedra de escándalo para sus seguidores. Hoy ésta misma se ha convertido en la mayor fuente de sus éxitos.
En 1883 Flórez publicó su primer libro de poesía, Horas, cuyo título le sugirió José Asunción Silva. Flórez comprendió bien el espíritu de su amigo y su rechazo al ambiente bogotano, que le fuera tan hostil a quien algunos apodaban "José Presunción Silva". Cuando se suicidó Silva, en 1886, Flórez declamó en sus funerales una elegía que fue condenada como blasfémica por el obispo de Bogotá, quien propinó al poeta una seria amonestación al respecto.
Su fama como trovador y personaje romántico seguía creciendo. En 1895 ya había logrado superar las dos grandes desventajas del hombre colombiano: el ser provinciano y el ser pobre. Su valor personal y su arte lo habían colocado muy alto en el panorama cultural, los críticos locales más exigentes se ocupaban de su obra, su presencia era solicitada en los círculos exclusivos de la sociedad capitalina.
Las damas suspiraban o se sonrojaban a su paso, los jóvenes lo envidiaban y los escritores nóveles viajaban a Bogotá con la ilusión de conocer "al Divino Flórez", como lo llamaría "su amigo y admirador Guillermo Valencia" al dedicarle su libro Cigüeñas blancas, o escucharlo cantar (acompañado de su guitarra o al piano por su amigo el maestro Emilio Murillo), la
famosa canción "Mis flores negras", cuya paternidad musical ha sido tan discutida, no así la de su texto, que ha quedado consagrado como suyo.
Flórez se había convertido en el bardo de moda, amado por el pueblo porque sabía pulsar la fibra de los sentimientos de su raza. Sin embargo, su falta de cuidado y su generosidad en la entrega de sus producciones repentinas, a "tipleros y serenateros", originó que muchos poemas no terminados ni corregidos ni pulidos fueran publicados sin su permiso y siguieran circulando, lo que ocasionó un menoscabo en el nivel de calidad de su obra. Sobre este tema el severo crítico Maximiliano Grillo dijo, en 1895: "Admiramos en Flórez el poeta natural que hace estrofas armoniosas, de contornos puros, compuestas no al calor de una inspiración desordenada, sino en horas de recogimiento, cuando parece olvidarse del aplauso pasajero".
Flórez también se ocupaba de los destinos del partido y blandía su pluma para participar en las luchas liberales con que la oposición intentaba rescatar un poder que permanecería perdido durante 43 años. Flórez llegó a convertirse en el poeta de los soldados en el frente e "hizo sonar siempre las cuerdas de su lira en favor de las más nobles causas políticas y sociales", según conceptos del general Rafael Uribe Uribe, cuando en 1912 le agradeció su libro de lírica heroica, Flecha roja. Pero su poesía comprometida hizo que fuera perseguido y reducido a prisión en varias ocasiones.
En medio de guerras, penurias y amordazamiento de la censura, los colombianos reaccionaban reuniéndose en cofradías o hermandades pacíficas de tipo cultural que los protegían de la aridez del presente. En compañía de seis amigos, Flórez fundó la Gruta Simbólica, comentada tertulia literaria de 70 miembros, que permaneció vigente desde fines de 1900 hasta fines de 1903, bajo la capitanía intelectual de Flórez. La inseguridad, la tensión sostenida entre las fuerzas políticas, religiosas y socioecónómicas del país, valió para que los artistas de la época, a semejanza de los poetas malditos franceses de fines del siglo XIX, frecuentaran la bohemia y en ocasiones cayeran en vicios que les atrajeron el rechazo de la sociedad o el anatema del clero.
Flórez fue señalado como sacrílego, blasfemo y apóstata. Estando en el punto culminante de su carrera literaria, subió al poder, en 1904, el caudillo militar general Rafael Reyes, quien ante la ola de murmullos en su contra, le "aconsejó" abandonar el país. En 1905 Flórez tuvo que salir de Bogotá, ciudad amada y cantada en sus más hermosas rimas. Se dirigió a la Costa Atlántica, luego a Caracas, y de allí inició una gira poética por los países centroamericanos que se prolongó por dos años (1906-1907), en medio del clamor general de sus éxitos, hasta que, estando en México y dispuesto a regresar a Colombia, el general Reyes lo nombró segundo secretario de la Legación de Colombia en España, hacia donde partió en agosto de 1907.
Sus pensamientos o experiencias en España y Francia (donde fue invitado a recitar en la Embajada de Colombia en París, con ocasión de la celebración de la fiesta nacional en 1908) no dejaron ningún rastro en su lírica. Su libro Cardos y Lirios, así como su ovacionado poema "La Araña", obtuvieron publicación en 1905 en Venezuela. Manojo de zarzas y Cesta de lotos fueron editados en 1906 en San Salvador, Fronda lírica, en Madrid en 1908, y Gotas de ajenjo, en Barcelona en 1909.
Su actitud general en Europa fue discreta y amable. Conoció a personalidades literarias españolas y latinoamericanas como Emilia Pardo Bazán, Francisco Villaespesa, Rubén Darío, José Santos Chocano, José María Vargas Vila y Amado Nervo. Y aunque sus tendencias románticas lo colocaban en la retaguardia del modernismo en boga, su poesía y personalidad fueron acogidas con simpatía por los escritores de la Generación del 98. Pero para sus admiradores y amigos colombianos, Flórez era ahora totalmente distinto a aquel bohemio eufórico de las épocas de la Gruta Simbólica, se presentía cansado de la vida y desilusionado de los hombres y de las cosas.
En febrero de 1909 Flórez regresó a Colombia, a la que saludó en un recital en Barranquilla, y luego desapareció sin dejar rastro alguno. Los periodistas indagaron su paradero, pero nadie
sabía que se había retirado al balneario de Usiacurí a tomar una cura de sus aguas medicinales. En ese primitivo pueblo se enamoró de una colegiala de 14 años de edad, Petrona, con quien comenzó un verdadero e inmortal idilio. Pero los compromisos adquiridos a su regreso de Europa lo obligaron a regresar a la capital, después de cinco años en el extranjero. Allí se presentó en una función de bienvenida en el Teatro Colón, durante las celebraciones del primer centenario de la Independencia de Colombia (1910). Fue acogido calurosamente por la crítica y volvió a obtener un grandioso éxito con su público de todas las categorías.
Inmediatamente después de esta presentación, Flórez se ausentó de la capital, a la que regresó en muy contadas ocasiones para ofrecer recitales poéticos, del mismo modo como lo hizo a nivel nacional y, más frecuentemente, en la vecina ciudad de Barranquilla, donde en 1917 se editó De pie los muertos, recopilación de sus versos alusivos a la primera Guerra Mundial, que recitó en el Teatro Cisneros. En 1922 publicó allí mismo la segunda edición de su libro Fronda lírica, última obra publicada en vida, ya que Oro y ébano apareció como edición póstuma, en 1943.
En la aldea de Usiacurí llevó una vida de hogar tranquila y ordenada, al lado de su esposa y sus cinco niños: Cielo, León Julio, Divina, Lira y Hugo Flórez Moreno. Para el mantenimiento de la familia, para ganar "el maldito pan", se dedicó a labores agrícolas y ganaderas en pequeña escala, que fueron reputadas como de "burguesas" por algún escritor parnasiano contemporáneo suyo, con gran molestia de su parte. Su poesía adquirió rasgos de reflexión e interiorización, según el parecer de algunos de sus críticos, aunque en el panorama total de su producción literaria se encuentran diseminados algunos poemas de contenido filosófico, como es el caso de "Resurrecciones" y "Todo nos llega tarde".
Rápidamente su salud se fue quebrantando y en el término de dos años una rebelde enfermedad le deformó el rostro, sin que fuera efectivo ningún auxilio médico prestado en Barranquilla, Bogotá o Panamá, sobre cuyo diagnóstico no ha habido ninguna certeza, pero que podría tener rasgos de un cáncer o melanoma maligno que le afectó la parótida izquierda y le dificultó el habla. Quizás los últimos cuatro meses de su vida fueron los más dramáticos.
El partido conservador tomó nuevos bríos con la elección del general Pedro Nel Ospina. La Iglesia redobló las presiones ejercidas sobre el hombre debilitado por la enfermedad, encaminadas a que retomara su religión perdida, regresara a los sacramentos y contrajera matrimonio católico con su esposa, requisito sin el cual los hijos habidos de esa unión civil no eran aceptados como sus herederos legítimos, según lo estipulado en el Concordato que regía en Colombia desde 1887. En noviembre de 1922 Flórez accedió a confesarse, comulgar, contraer matrimonio católico con Petrona y bautizar a sus hijos.
Ante semejante milagro, la sociedad se conmovió y en Barranquilla promovieron la coronación de Julio Flórez como poeta nacional, acto al cual accedió gustoso el gobierno del general Ospina. Pero dada la precaria salud del enfermo, esta ceremonia no se pudo realizar ni en Bogotá ni en Barranquilla, sino en Usiacurí, a donde se movilizaron altas personalidades del gobierno, la sociedad y la cultura en 163 automóviles, a los que se unieron una multitud de campesinos, trabajadores y estudiantes que querían presenciar el acto.
Así, el 14 de enero de 1923, al borde del sepulcro, Julio Flórez obtuvo un honor retrasado por treinta años. Pocos días después de esta forzada ceremonia, el poeta del pueblo colombiano murió rodeado de sus familiares y amigos, el 7 de febrero. Julio Flórez ha pasado a la historia como un bardo popular, que supo interpretar los amores y los dolores de la raza colombiana bajo temas. absolutos como la naturaleza, la madre, la patria, la amada y la muerte. Su fama como "el último becqueriano", según palabras de Max Henríquez Ureña, ha desbordado las fronteras nacionales.
Sus obras
- FLORES, JULIO. Obra poética. Bogotá, Banco de la República, 1970.
- FLORES, JULIO. Selección de poemas. Prólogo, Jorge Rojas. Bogotá, Colcultura, 1973.
- FLORES, JULIO. Poesía escogida. Selección y prólogo, Harold Alvarado Tenorio. Bogotá, Arango Editores y El Ancora, 1988.
- MARTINEZ MUTIS, AURELIO Julio Flórez, su vida y su obra. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1973. MARTINEZ VILLAMIL, CONSTANTINO.
- EL CABALLERO DEL ROMANTICISMO. Edición en homenaje a Julio Flórez. Tunja, Gobierno de Boyacá, 1967.
- ORDOÑEZ, MONTSERRAT. "Julio Flórez". En: Historia de la poesía colombiana. Bogotá, Ediciones Casa Silva, 1991.
- RESTREPO DUQUE, HERNAN. Gran crónica de Julio Flórez. Bogotá, Colcultura, 1972.
- SERPA-FLOREZDE KOLBE, GLORIA. "Todo nos llega tarde..." Biografía del poeta colombiano Julio Flórez. En publicación.

















